Chile ante las enfermedades crónicas: el desafío de vivir mejor
SaludArtículo8 de julio de 2026
Vivir más años es una buena noticia. El verdadero desafío es que esos años también se vivan con buena salud, autonomía y tranquilidad.
Esa es una de las principales reflexiones de The Value of Chronic Care, el nuevo estudio de Zurich Group que analiza cómo están respondiendo distintos países al avance de las enfermedades crónicas y qué tan preparados se encuentran sus sistemas de salud para los próximos años.
El informe estudia una década de datos sobre más de 200 enfermedades y condiciones crónicas en los 38 países de la OCDE, considerando dos grandes dimensiones: la carga que estas enfermedades representan para las personas y el desempeño de los sistemas de salud para prevenirlas, tratarlas y acompañarlas en el tiempo.
Y para Chile, los resultados muestran una realidad con avances, pero también con importantes desafíos.
¿Qué revela el estudio sobre Chile?
Chile ocupa el puesto 19 de 38 países en el Chronic Care Index, con una puntuación de 59 sobre 100. Sin embargo, al mirar sus componentes por separado aparece uno de los principales hallazgos del informe.
El país alcanza el sexto lugar en carga de enfermedades crónicas, con 80 puntos, lo que refleja una situación comparativamente favorable. Pero en rendimiento del sistema de salud desciende hasta el puesto 30, con 45 puntos. En este índice, una puntuación más alta representa un mejor desempeño.
En simple: Chile presenta hoy una carga relativamente baja de enfermedades crónicas frente a otros países de la OCDE, pero su sistema podría enfrentar dificultades para responder si esa demanda aumenta.
El propio estudio resume la situación del país como una combinación de baja mortalidad, morbilidad en aumento y un desempeño más débil del sistema de salud, con brechas de calidad y preparación que pueden limitar su capacidad de respuesta a largo plazo.
Una buena posición que no permite bajar la guardia
Hay otro dato especialmente relevante para entender el caso chileno.
En la clasificación general de carga de enfermedades crónicas, Chile ocupa el sexto lugar. Pero cuando el análisis se ajusta por edad, cae al puesto 21. El informe plantea que países como Chile y Costa Rica combinan actualmente una carga relativamente baja con sistemas que podrían estar menos preparados para absorber una mayor demanda futura a medida que sus poblaciones envejecen.
Esto no significa que Chile tenga hoy malos resultados en salud. De hecho, la OCDE informa una esperanza de vida de 81,6 años, 0,5 años por sobre su promedio. Pero también identifica factores de riesgo relevantes: un 40% de los adultos realiza actividad física insuficiente y la obesidad autorreportada alcanza el 31%, frente al 19% promedio de la OCDE.
El desafío, entonces, es anticiparse.
Vivir más no siempre significa vivir más años con buena salud
Una de las principales conclusiones de The Value of Chronic Care es que la naturaleza del desafío sanitario está cambiando.
En muchos países, las personas viven más tiempo y disminuye la mortalidad prematura. Al mismo tiempo, aumenta la cantidad de años vividos con enfermedades o condiciones que requieren tratamiento, controles y apoyo continuo.
Hablamos de enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer, pero también de trastornos de salud mental, enfermedades neurológicas y problemas musculoesqueléticos que pueden acompañar a una persona durante años o décadas.
Por eso, una enfermedad crónica no afecta solamente la salud. También puede influir en la vida laboral, los ingresos, la independencia y la estabilidad financiera de las familias. Zurich Group advierte que esta realidad exige sistemas capaces de acompañar trayectorias largas de cuidado, y no solo responder cuando ocurre una urgencia.
La oportunidad para Chile: prevenir antes, acompañar mejor
El estudio identifica tres cambios que pueden marcar una diferencia frente al avance de las enfermedades crónicas:
1. Pasar del tratamiento a una prevención más temprana
Prevenir no significa únicamente actuar antes de que aparezca una enfermedad. También implica detectar factores de riesgo, facilitar controles oportunos y acompañar cambios sostenidos en el tiempo.
La alimentación, la actividad física y otros hábitos siguen siendo importantes, pero el informe también pone atención en la detección y el seguimiento de riesgos metabólicos. La prevención, por lo tanto, necesita continuidad y no puede depender únicamente de acciones aisladas.
2. Conectar mejor los distintos momentos de la atención
Una persona con una enfermedad crónica puede relacionarse durante años con atención primaria, especialistas, exámenes, tratamientos y otros servicios de apoyo.
Cuando esos puntos de contacto funcionan de manera fragmentada, pueden aparecer retrasos, duplicidades o dificultades para mantener la continuidad del tratamiento. Por eso, el informe destaca la necesidad de avanzar hacia recorridos de atención más integrados y fáciles de seguir.
3. Entender el cuidado como una responsabilidad compartida
La magnitud de las enfermedades crónicas supera lo que una sola persona o institución puede resolver.
Los sistemas públicos de salud tienen un rol central, pero también las empresas, las aseguradoras y otros actores pueden contribuir a ampliar el acceso a la prevención, promover la detección temprana y apoyar la continuidad del cuidado y la resiliencia financiera.
Anticiparnos hoy para cuidar mejor el futuro
Los resultados de Chile muestran una oportunidad concreta. El país parte desde una posición comparativamente favorable en carga de enfermedades crónicas, pero el envejecimiento, el aumento de la morbilidad y las brechas de preparación pueden ejercer una presión creciente durante los próximos años.
Por eso, el desafío no es solo vivir más.
Es avanzar hacia una mirada donde prevenir, detectar a tiempo y acompañar de forma continua sean parte de una misma experiencia de cuidado. Porque proteger el futuro también significa ayudar a que más personas puedan vivir esos años con mayor bienestar, autonomía y tranquilidad.




